julio 06, 2010

Nutrición: El agua y nuestro cuerpo

El agua es el mayor componente del cuerpo ( varía según la proporción de músculo y tejido adiposo, alcanzando cerca del 55% del peso corporal).
Tiene acción directa en la regulación de la temperatura corporal. Proporciona el medio para que la célula produzca, almacene y utilice energía. Es esencial para los procesos de digestión y absorción, tanto como para eliminar desechos metabólicos.
El agua es de carácter funcional, está continuamente en uso y no constituye una reserva, no existe un depósito, por lo tanto las cantidades que se pierden deben reponerse inmediatamente.


Las pérdidas pueden dividirse en "sensibles", orina y heces, e "insensibles" que son aquellas que no percibimos ni cuantificamos fácilmente, como el sudor por la piel y el vapor de agua eliminado en cada expiración. Es fundamental prevenir la deshidratación bebiendo la cantidad suficiente:
- El agua puede ingerirse como tal, en infusiones, jugos y también como parte de los alimentos.
- Leche, frutas y vegetales frescos son los que más aportan ( 80 - 90% de su peso es agua).

Ciertos grupos poblacionales deben tener mayor precaución, ya que pueden deshidratarse fácilmente:
- Los niños son particularmente susceptibles, hay una gran pérdida de agua y sales a través de la piel, y pequeñas pérdidas representan un alto porcentaje de su peso corporal. Cabe aclarar que durante el período de lactancia, el requerimiento hídrico es cubierto 100 % por la leche. No se recomienda ofrecer agua ni jugos hasta que el Lic. en Nutrición o Pediatra lo crea conveniente.
- Los ancianos frecuentemente tienen disminuido el mecanismo de la sed y en algunas ocasiones también dependen de la oferta que se les realice.
- Deportistas y amantes del fitness, aún cuando se suministre abundante agua, se debe ingerir agua o bebida deportiva antes, durante y después del ejercicio y utilizar prendas que permitan transpirar (forma natural de liberar calor del cuerpo).
- Quienes padecen patologías que cursan con vómitos, diarrea, sudoración excesiva y/o fiebre, merecen especial atención. Las pérdidas se incrementan y es frecuente que exista "desgano", siendo muchas veces la deshidratación causa de esta debilidad. En estos casos se debe consultar con urgencia al médico, quien indicará cómo reponer la pérdida de líquido y sales minerales.

Debemos tener en cuenta que existen momentos previos a la deshidratación, donde estamos poniendo a prueba nuestro organismo. Recordar que no debemos esperar a sentir sed para beber líquido, porque cuando la sed se hace presente, ya nos encontramos en el primer estadío de la deshidratación.

¿Cuánto y cuándo debemos tomar?
En todo momento! Lo que indique nuestra sed (y un vaso más), dos a tres litros por día (incluyendo leche, jugos, caldos e infusiones como té, mate, tisanas, etc.) es suficiente y, aunque puede parecer exagerado, es una meta fácil de alcanzar si adquirimos el hábito.

Fuente: www.alimentacion-sana.com.ar